«A Madam Frucha no se le daba muy bien la disciplina, razón por la cual tal vez había inventado el Método, que no requería ninguna. Lo que solía hacer es hablar con los demás en tono pizpireto hasta que la gente se rendía por pura vergüenza ajena.La señorita Susan nunca parecía tener vergüenza ajena.
—La razón de que te haga venir, Susan, es que ejem, la razón es…, la señorita Smith me ha contado que los niños… su capacidad lectora es, según dice, desafortunadamente avanzada…
—La señorita Smith piensa que un buen libro trata sobre un niño y su perro persiguiendo una pelota roja y grande- dijo la señorita Susan- Mis niños han aprendido a esperar una trama. Ahora estamos leyendo Cuentos de hadas grimosos.
—¡Pero es horroro…! ¡No tendrías que estar enseñándoles a leer nada todavía!…Quiero decir que la infancia es una época para jugar y…
—Aprender –dijo la señorita Susan.
—Aprender jugando –comentó Madam Frucha, agradecida de encontrar un territorio familiar-. Al fin y al cabo, los gatitos y los cachorrillos…
—Crecen para convertirse en gatos y perros, que son todavía menos interesantes –continuó la señorita Susan-. Mientras que los niños deberían crecer para convertirse en adultos. Aprender es un juego, pero un juego muy exigente. Lo que sucede en la enseñanza, como en la mayoría de los juegos, es que el juego se complica, se hace más sofisticado y cada vez más difícil, exige un esfuerzo mayor, pero esa complicación crecientes van o deberían ir unidas a una también creciente destreza en el dominio de sus rudimentos, mecanismos, procedimientos… No se deja de jugar a medida que se crece y se aprende. De hecho, ni siquiera los adultos dejan de jugar; sólo van cambiando de juegos, y eso sí, van olvidando que son juegos.
Madam Frucha suspiró.»
[Pratchett, Ladrones del tiempo, Barcelona, 2011, págs. 73-74, traducción de Javier Calvo (1ª ed. inglesa, 2001) /José Sánchez Tortosa, El profesor en la trinchera, Madrid, 2008, pág. 59-60]
«Geometría significa medición de la tierra», nos decían cuando, con muy pocos años, iniciábamos su estudio. Y no había lugar más apropiado que comprobar la certeza de esta definición en las huertas levantinas, que tan a mano teníamos, constituidas por pequeñas parcelas que dibujaban infinidad de figuras geométricas, regulares e irregulares. Después insistían en el valor formativo del estudio de esta disciplina matemática que nos enseña a razonar por el simple método del encadenamiento de ideas, y en su importancia práctica para todo tipo de mediciones (longitudes, áreas, volúmenes). A continuación, sus pioneros: a Tales y Pitágoras (y sus teoremas) sucedían Platón —que grabó en la fachada de su casa esta frase: «No entre en mi casa nadie que no sepa Geometría»—, Euclides, profesor de Matemáticas en Alejandría y autor de los célebres Elementos —quien, como un impertinente le preguntara para qué servían sus demostraciones, sin inmutarse rogó que le dieran unas monedas y se fuera, pues no buscaba el saber, sino otras cosas—, Arquímedes y otros.
Como ciencia pura y especulativa la Geometría es obra del espíritu griego. Mas ¿a qué obedeció su invención? Heródoto (II, 109) ve razones prácticas (canales, producción agrícola y fiscalidad) en su nacimiento y dice:
«El rey [Sesostris] parceló el país por esta razón: cuantos egipcios no tenían sus ciudades junto al río, sino en el interior, ésos, siempre que se retiraba el río, como carecían de aguas utilizaban esas bebidas, bastante saladas, que sacaban de los pozos. Por estas causas, pues, fue parcelado Egipto. Y también contaban [los sacerdotes] que el citado rey repartió el país entre los egipcios, dando a cada uno como suerte un tetrágono igual, y que a partir de ahí fijó los ingresos, pues ordenó que pagara un tributo anualmente. Mas si el río se llevaba parte del lote, éste, habiéndose presentado al mismo [rey], le explicaba lo sucedido y el rey enviaba personas que inspeccionaran y midieran (es decir, geómetras) cuán inferior en extensión había devenido la tierra, a fin de que en el futuro pagara según la proporción de la contribución establecida. Y me parece que, inventada desde entonces la Geometría, llegó a la Hélade…».