Posts categorized “Poesía”.

A LA LUZ. Rafael Alberti (con fotografía de Miguel Hermosín)

 

 

A ti, temblor y halo del paisaje,

recortadora del perfil y ciega

para el pincel abierto que disgrega

la mancha de la mar y del celaje.

 

A ti, lavado, líquido lenguaje;

dura al color que su color restriega

contra el árbol preciso que doblega

a imprecisión la copa del ramaje.

 

A ti, mano del sol, cono perfecto,

denunciadora, igualadora, efecto

desvanecente de la línea pura.

 

El ala de la sombra en ti se afila.

Te quema el ser que tu cristal destila.

A ti, espejo y fanal de la Pintura.

 

[Rafael Alberti, A la pintura, 1945-1952.

 Editorial Losada, S.A. Pág. 97. Buenos Aires, 1976]

 

Y A PESAR DEL OLVIDO. Poema de Lauro Gandul Verdún

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AUNQUE NACIERAN UNA MAÑANA. Poema de Lauro Gandul Verdún

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RETRATO IMAGINARIO Y A VECES TE MIRO CUANDO ESTÁS TRISTE. Pintura de Rafael Luna (acrílico sobre lienzo 1987) y poema de Lauro Gandul Verdún (1984)

 

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Otra edición de este poema en «CARMINA» (2008) sobre la de POEMAR Nº 3 (1984)

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CONTINUARÁ… Exposición de Rafael Luna en la Casa de la Provincia (Sevilla, desde el 14 de marzo hasta el 28 de abril de 2013)

 

RETRATO IMAGINARIO Y MIENTRAS MIS UÑAS EN LA NEGRA ALFOMBRA DEL SUEÑO. Pintura de Rafael Luna (acrílico sobre lienzo 1988) con poema de Lauro Gandul Verdún 1985

 

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Edición de este poema en CARMINA 2008

CONTINUARÁ… Exposición de Rafael Luna en la Casa de la Provincia (Sevilla, desde el 14 de marzo hasta el 28 de abril de 2013)

 

AUNQUE TE PASEES POR ESTELAS LUMINOSAS. Poema de Lauro Gandul Verdún

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PRINCIPIO Y FIN. Poema de Tomás Valladolid Torres con pintura de Rafael Luna (acrílico sobre lienzo)

 

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No existe furia en las estrellas

 que explotan reduciéndose a polvo

 en la oscuridad del espacio infinito.

 Ni emoción contenida en una amapola

 que se abre lentamente  en primavera,

 ni dolor en la fría escarcha

 de una apagada mañana de invierno.

 

No hay rastro de ilusión

 en ninguno de los rayos de luz

 que acompañan a los niños

 mientras juegan y pelean en la calle,

 ni venganza en las riadas que arrasan

 con todo lo que encuentran a su alcance:

 edificios, árboles, hombres,

 sueños de un futuro que se ahoga

 sumergido en el espesor de la nada.

 
No hay espíritu en el viento que agita la tarde,

 o bajo la tierra en la que se pudren los cuerpos

 descomponiéndose hasta olvidar su memoria.

 

 No hay victoria ni derrota

 en la ola que avanza y retrocede

 para volver a ser parte de lo que había sido

 antes de su efímera huida hacia la orilla.

 Ni hay Pintor en un bello amanecer,

 ni grito en la peor de las tormentas,

 ni mirada en el ojo del huracán.

.

No hay perdón, porque no hay culpa.

 Ni agonía, ni paz, ni redención.

 Sólo hay mundo, y tiempo, y azar.

 Mujeres y hombres que nacen,

 que enferman, que matan y mueren,

 que existen sin que el universo

 repare en su invisible presencia.

.

Y algún día, tal como todo empezó,

 sin furia, emoción, dolor, ilusión,

 venganza, espíritu, victoria, derrota,

 Pintor, grito, mirada, perdón o culpa,

 sin agonía, sin paz, sin redención,

 se apagará todo y quedará el Silencio.

 Y entonces no existirá un porqué,

 pues ya no habrá voz que se lo pregunte.

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El poeta Tomás Valladolid Torres en CARMINA

CONTINUARÁ… Exposición de Rafael Luna en la Casa de la Provincia (Sevilla, desde el 14 de marzo hasta el 28 de abril de 2013)

 

CUANDO MÁS FALTA ME HACE DARTE LA MANO. Poema de Lauro Gandul Verdún 1982

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APENAS SI SOSTIENE SU TRAJE. Poema de Lauro Gandul Verdún

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LA CREACIÓN DEL UNIVERSO (Génesis 1; 2, 1-4)

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El origen del mundo

Gustavo Courbet

(1819-1877)

 


1     Al principio creó Dios los cielos y la tierra. La tierra estaba confusa y vacía y las tinieblas cubrían la haz del abismo, pero el espíritu de Dios se cernía sobre la superficie de las aguas.

 

         Dijo Dios: «Haya luz»; y hubo luz. Y vio Dios ser buena la luz, y la separó de las tinieblas; y a la luz llamó día, y a las tinieblas noche, y hubo tarde y mañana, día primero.

 

         Dijo luego Dios: «Haya firmamento en medio de las aguas, que separe unas de otras», y así fue. E hizo Dios el firmamento, separando aguas de aguas, las que estaban debajo del firmamento de las que estaban sobre el firmamento. Y vio Dios ser bueno. Llamó Dios al firmamento cielo, y hubo tarde y mañana, segundo día.

 

         Dijo luego: «Júntense en un lugar las aguas de debajo de los cielos, y aparezca lo seco». Así se hizo; y se juntaron las aguas de debajo de los cielos en sus lugares y apareció lo seco; y a lo seco llamó Dios tierra, y a la reunión de las aguas, mares. Y vio Dios ser bueno.

 

         Dijo luego: «Haga brotar la tierra hierba verde, hierba con semilla, y árboles frutales cada uno con su fruto, según su especie, y con su simiente, sobre la tierra». Y así fue. Y produjo la tierra hierba verde, hierba con semilla, y árboles de fruto con semilla cada uno. Vio Dios ser bueno; y hubo tarde y mañana, día tercero.

 

         Dijo luego Dios: «Haya en el firmamento de los cielos lumbreras para separar el día de la noche, y servir de señales a estaciones, días y años; y luzcan en el firmamento de los cielos, para alumbrar la tierra». Y así fue. Hizo Dios los dos grandes luminares, el mayor para presidir el día, y el menor para presidir la noche, y las estrellas; y los puso en el firmamento de los cielos para alumbrar la tierra y presidir al día y a la noche, y separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios ser bueno, y hubo tarde y mañana, día cuarto.

 

         Dijo luego Dios: «Hiervan de animales las aguas y vuelen sobre la tierra aves bajo el firmamento de los cielos». Y así fue.

 

         Y creó Dios los grandes monstruos del agua y todos los animales que bullen en ella, según su especie, y todas las aves aladas, según su especie. Y vio Dios ser bueno, y los bendijo, diciendo: «Procread y multiplicaos y henchid las aguas del mar, y multiplíquense sobre la tierra las aves. Y hubo tarde y mañana, día quinto.

 

         Dijo luego Dios: «Brote la tierra seres animados según su especie, ganados, reptiles y bestias de la tierra según su especie». Y así fue. Hizo Dios todas las bestias de la tierra según su especie, los ganados según su especie y todos los reptiles de la tierra según su especie. Y vio Dios ser bueno.

 

         Díjose entonces Dios: «Hagamos al hombre a nuestra imagen y a nuestra semejanza, para que domine sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados y sobre todas las bestias de la tierra y sobre cuantos animales se mueven sobre ella». Y creó Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó, y lo creó macho y hembra; y los bendijo Dios, diciéndoles: «Procread y multiplicaos, y henchid la tierra; sometedla y dominad sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre los ganados y sobre todo cuanto vive y se mueve sobre la tierra». Dijo también Dios: «Ahí os doy cuantas hierbas de semilla hay sobre la haz de la tierra toda, y cuantos árboles producen fruto de simiente, para que todos os sirvan de alimento. También a todos los animales de la tierra, y a todas las aves del cielo, y a todos los vivientes que sobre la tierra están y se mueven les doy para comida cuanto de verde hierba la tierra produce». Y así fue. Y vio Dios ser muy bueno cuanto había hecho, y hubo tarde y mañana, día sexto. (Gén. 1)

 

 

 

2     Así fueron acabados los cielos y la tierra y todo su cortejo. Y rematada en el día sexto toda la obra que había hecho, descansó Dios el séptimo día de cuanto hiciera; y bendijo al día séptimo y lo santificó, porque en él descansó Dios de cuanto había creado y hecho.

 

         Este es el origen de los cielos y la tierra cuando fueron creados.

 

(Gén. 2, 1-4)