CITANDO A VILA-MATAS. Por Enrique Martín Ferrera (Marzo, 2010)
Foto: EMF, 2010
Vieja y sobradamente conocida es esa manía de Enrique Vila-Matas, tan criticable para algunos y tan de agradecer para otros, de colocar la literatura dentro de la literatura; ese gusto por la construcción de artefactos literarios concebidos al modo de una matrioska que nos quisiera ir desvelando, poco a poco, los innumerables libros y escritores que encierra en sus interiores; unos libros y unos escritores que, a fin de cuentas, son un solo libro y un solo escritor, ese que todos perseguimos y nunca hallamos, víctimas de la fragmentación, del desconcierto que nos provocan los límites de cada porción de lo múltiple y lo diverso. Así pues, ¿por qué no comenzar aquí también citando a Vila-Matas, cuando cita a Fernando Savater, a propósito de las citas, en cierto pasaje de su “Dietario Voluble”?:
<<…las personas que no comprenden el encanto de las citas suelen ser las mismas que no entienden lo justo, equitativo y necesario de la originalidad. Porque donde se puede y se debe ser verdaderamente original es al citar. (…) Plenamente de acuerdo con Savater cuando dice que los maniáticos anticitas están abocados a los destinos menos deseables para un escritor: el casticismo y la ocurrencia, es decir, las dos peores variantes del tópico. Citar es respirar literatura para no ahogarse entre los tópicos castizos y ocurrentes que le vienen a uno a la pluma cuando se empeña en esa vulgaridad suprema de “no deberle nada a nadie”. Y es que, en el fondo, quien no cita no hace más que repetir pero sin saberlo ni elegirlo. Los que citamos, dice Savater, asumimos en cambio sin ambages nuestro destino de príncipes que todo lo hemos aprendido en los libros (y ahí va otra cita disimulada, ja,ja, larvatus prodeo…). >>

